EL ÚLTIMO GUARDIÁN DEL BOSQUE

Se puede escuchar el viento entrando por los árboles y por el bambú más alto del mundo, los pájaros observando nuestro paso lento, la humedad también se siente y el resquebrajar de los troncos. Unas ardillas suben rápidamente por los árboles en busca de refugio y un colibrí batiendo sus alas a 75 veces por segundo sobrevuela entre las flores casi imperceptible. Son fantasmas en un bosque encantado, el bosque de Don Jácome.

GERARDO JÁCOME JARRÍN

Floran

En la lotización Patria Nueva y detrás de la Prefectura de la Zona Norte de Quevedo se encuentra una pequeña casa de campo donde vive Gerardo Jácome Jarrín. Este ecuatoriano, natal de la provincia de Bolívar y con 85 años de edad, es el ejemplo claro de buen ciudadano, desde que llego a Quevedo ha donado terrenos para la construcción de escuelas y áreas de deporte. Además de convertirse ahora en uno de los últimos guardianes de los esteros y bosques de nuestra ciudad. Caminamos con Jácome por uno de sus bosques favoritos situado en los alrededores de la Prefectura.

Gerardo se presenta natural ante el público. Tiene una larga barba blanquecina y un gorro de paja toquilla, en su mano derecha porta su machete y viste con una camisa y un pantalón liso. Sus arrugas y su mirada inspiran confianza y ternura. Le acompañamos hacia su bosque, pero antes visita la lotización Puerto López donde nos cuenta que ha donado varios terrenos para escuelas y canchas de futbol. La gente le saluda y muchos se acercan para abrazarle. “Apartando mis defectos, Dios me dio el don para donar terrenos y convertirlos en escuelas, por ejemplo uno de los mejores centros es el que está situado enfrente de la Prefectura, la escuela se llama Homero Villarroel Bastida”, dice sonriendo Jácome.

 

Entre las escuelas preferidas de Jácome  está la de Ventanas llamada Princesa Pacha donde donó los terrenos para su construcción. Además siempre apuesta por el deporte construyendo canchas de futbol, dice que el deporte puede ayudar a muchas cosas, entre ellas a sacar a jóvenes de las drogas.

ENTRANDO AL BOSQUE

Gerardo Jácome es un soñador con alma ecuatoriana. Siempre apostó por las zonas verdes y los esteros de la ciudad ecuatoriana de Quevedo. Ahora nos muestra una de sus joyas, el bosque de `Don Jácome´ situado detrás de la Prefectura Zona Norte. Este lugar se proyecta en un futuro para convertirse en punto turístico.

 

La entrada del bosque es frondosa y una vez dentro una pequeña fuente natural nos da la bienvenida. “Este agua es natural, la gente viene con pomas para llevársela a su casa, además de tener propiedades afrodisíacas”, dice riéndose Jácome. Seguimos por un camino angosto rodeado con pequeñas flores rosadas hasta llegar al árbol Palo Prieto. El ejemplar tiene unos 10 metros de altura y destaca por sus largas ramas; a su alrededor crece abundante vegetación. Gerardo cuenta que en el bosque todas las plantas se ayudan unas con otras creando una perfecta simbiosis. 

EL TESORO MILENARIO DE DON JACOME

UNO DE LOS BAMBUS MÁS ALTOS DEL MUNDO

25 METROS DE ALTURA

Uno de los mejores tesoros que Jácome guarda en el bosque es el bambú. Sus cañas crecen juntas formando unos enormes troncos con alturas que superan los 25 metros de altura. Sin duda un espectáculo visual para toda persona.

 

 

También presume de árboles como el Guayacán o el Higuerón, ejemplares colosales que muestran sus grandes raíces. Nos cuenta Gerardo que la savia del Higuerón curó a su mujer de los parásitos que esta tenía en su cuerpo. “Ella ya estaba para morir y los médicos no podían hacer más, la savia del Higuerón sanó a mi mujer y ahora estoy agradecido con Dios y con la naturaleza”, cuenta Jácome.

DON JÁCOME JUNTO AL BAMBÚ

EL HIGUERÓN QUE SALVÓ LA VIDA A LA MUJER DE DON JÁCOME

Subiendo una gran loma y sin soltar el machete Jácome se descalza y abraza un tronco . “Es una buena terapia, hay que sacarse los zapatos y abrazar el árbol y sentir la energía que te brinda. La gente debe hacer conciencia de la Pachamama, debe cuidarla más y respetarla porque de ahí venimos, es la hora de actuar, no todo está perdido”, afirma Gerardo.

 

Mientras se calza nos cuenta que el algunos países orientales la gente planta un árbol por cada niño nacido, de esta manera cada persona tiene su propio árbol y asume la obligación de cuidarlo y protegerlo.

gerlo.

En lo alto de la loma se puede observar todo Quevedo. Allí hay dos troncos secos en el suelo que sirven de asiento. Jácome nos cuenta emocionado como las cenizas de su nieta descansan en este lugar. “Subo caminando solo y me siento en este lugar para rezar por Dios y por mi nieta”, dice Gerardo. A pocos metros del mirador el quevedeño nos muestra plantas que Cacao y dice que son las autenticas ecuatorianas. “Estas matas de cacao son las de la pepa de oro, son las autenticas, no han sido alteradas genéticamente”, afirma Jácome.

Este bosque, además de contar con diferentes tipos de plantas, también presume de su biodiversidad animal con ardillas y diferentes tipos de aves, entre ellos el colibrí.  Sin duda alguna se trata de un lugar que debe conocerse para entender la importancia de las zonas verdes.

 

Gerardo Jácome Jarrín es un ciudadano ejemplar. Gracias a su gran labor ha recibido ya varios reconocimientos del municipio de Quevedo entre los que destacan el premio del `Buen Campesino´ y del `Espíritu de colaboración´. Sin duda un ejemplo que muestra la importancia de la naturaleza en nuestro entorno y que busca mostrar que sin bosques no se puede vivir.

"La tierra proporciona lo suficiente para satisfacer las necesidades del hombre, pero no la codicia de cada hombre"

GANDHI